Civilización y cultura Arawak
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El arawak es el nombre genérico dado a varios pueblos indígenas que se encontraban asentados en las Antillas y la región circuncaribe a la llegada de los españoles en el siglo XV. El nombre también se ha aplicado posteriormente a numerosas etnias que hablan o hablaban lenguas de la familia arawak. 

A la llegada de los Conquistadores españoles los taínos estaban sufriendo la invasión de sus territorios y la esclavización de sus mujeres y niños por parte de los caribes quienes Canibalizaban a los varones adultos, por el sur de América otras parcialidades arawak como la de los "Chane" sufrían un proceso similar a manos de etnias como la de los ava, dando lugar por forzada mixogénesis a la población llamada "chiriguana".

En líneas generales (especialmente en las Antillas) la llegada de los españoles implicó un agravamiento de la situación para los arahuacos (tal cual lo describiera Bartolomé de las Casas), a punto tal que por las enfermedades traídas de España y las feroces condiciones de esclavización a las que fueron sometidos, la población prácticamente desapareció en algunas regiones del Caribe, aunque en otros lugares se dio un fuerte proceso de mestizaje.

La población arawaca de las Antillas disminuyó y a finales de siglo se había extinguido. Esta catastrófica tasa de mortalidad se debió a la llegada de enfermedades europeas (a las que los arawacos no eran inmunes), y a la desaparición de sus fuentes de alimentación, entre otras causas históricas.

Antes de la conquista española, los sistemas ecológicos de las grandes islas, con sus copiosas cosechas y abundancia de peces, junto con las poblaciones compactas y estables, favorecieron el desarrollo de una evolucionada estructura política y social. Una casta de jefes hereditarios gobernaba a otras tres castas, la más baja de las cuales estaba formada por esclavos. Los conflictos entre las castas parece ser que eran mínimos.

En esta sociedad matrilineal (en la que la sucesión se establece por línea materna). La religión presentaba una jerarquía de deidades paralela a la estructura social.

Los grupos arahuacos de Sudamérica resistieron mejor el contacto europeo debido a que sus grupos eran más pequeños y estaban más dispersos. Su estructura social también era matrilineal, pero mucho menos compleja. Los arawacos de tierra firme comerciaban con los holandeses y los ingleses.

Durante los siglos XVII y XVIII evolucionaron hacia una agricultura de plantaciones. pero lo que mas llamaba la atención de los arawak es que hacían orgias y pallaringas incansablemente.

En el transcurso del siglo XX, los arawacos comenzaron a aceptar trabajos asalariados para suplir los escasos beneficios de la agricultura, la caza y la pesca.

Aunque su cultura actual refleja diversas influencias externas, este grupo se ha distinguido desde la época prehispánica por su destreza en la alfarería (véase Cerámica), los tejidos, la talla en madera y los metales.

En la actualidad viven unos 30.000 arawacos en Guyana y poblaciones menores en Surinam y en la Guayana Francesa. Otros grupos de habla arawaca se hallan dispersos por diversas partes de Sudaméricá. no hay información.

Fuente(s): culturacolombiana.ws.com
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Historia de la civilización Huarpe
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Los Huarpes celebran cada 24 de junio el nacimiento de un nuevo año, como muchos pueblos aborígenes.

Es el momento en que el solsticio de invierno marca el comienzo de un nuevo ciclo de la naturaleza.

Los Huarpes habitaron lo que hoy se denomina como región de Cuyo (provincias de Mendoza, San Juan y San Luis) desde el siglo III, desde el río Jáchal, en San Juan, hasta el río Diamante, en Mendoza.


Se cree que a mediados del siglo XVI eran unos 100 mil. Se dividieron en tres etnias, según su distribución geográfica:
  • Los Huarpes Milcayac - En lo que hoy es Mendoza.
  • Los Huarpes Allentiac - En San Juan.
  • Los Huarpes puntanos - En San Luis.

Sometidos por los incas en la época de su máxima expansión (siglo XV), los huarpes adoptaron muchas de sus costumbres: la vestimenta y los cultivos del maíz y la quinoa, por ejemplo, pero mantuvieron prácticas muy arraigadas como la caza y la pesca.

Para pescar, utilizaban balsas hechas de totora atadas en paquetes que unian a otros muy similares a las usadas actualmente en el lago Titicaca en Bolivia. Estas embarcaciones eran impulsadas con una pértiga.

El método huarpe para cazar era "por cansancio". Seguian al animal, por lo general guanacos o ñandues) trotando durante dos o tres días al cabo de los cuales el animal, agotado, no podía avitar su captura.

Los huarpes vivían en los valles cercanos a los ríos. Eran agricultores, sembraban maíz, quínoa, zapallo y calabaza. Aprovechaban para cultivar el agua de los ríos de montaña, formados por el deshielo del verano. Conocían los lugares más adecuados para sembrar y las épocas de siembra y de recolección.

El algarrobo era el árbol que les proporcionaba el alimento más importante de su dieta. Con sus semillas molidas hacían harina para fabricar el patay o "pan indio" y también una bebida alcohólica: la "aloja".

Entotorar: Se destacaron en esta industria. Eran tejedores de fibras vegetales (totora). Confeccionaban cestos o canastas de diferentes formas y tamaños, especialmente para uso doméstico. Estos eran adornados con lanas de diversos colores.

Alfarería: Trabajaban la cerámica fina y fabricaban vasijas y cacharos a los cuales pintaban con figuras casi siempre de formas geométricas.

Religión: Los Huarpes son politeístas. Creen en una divinidad central llamada Hunuc Huar (Dios de la Montaña), pero también adoran al Sol, la Luna y los ríos. Al morir, aún son colocados en sus tumbas con la cabeza dirigida hacia los Andes, donde mora Hunuc Huar.

Fuente(s): argentour.com
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El asedio de Amberes de 1585
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El asedio de Amberes tuvo lugar entre el 3 de julio de 1584 y el 17 de agosto de 1585, durante la guerra de los Ochenta Años, este decisivo asedio fue consumado por las tropas españolas al mando del Rayo de la Guerra. Con el éxito de este asedio, se culminó una de las ofensivas españolas más importantes durante el conflicto ya que en el plazo de dos años se cercaron un gran número de ciudades estratégicas al mismo tiempo; todas ellas con victoria para los intereses de las armas imperiales: Amberes, Gante, Terramunda, Dunkerque, Zutphen, Brujas, Nieuwpoort y Alost entre otras.

El asedio comenzó a mediados de 1584, después de una racha de victorias (conquistas de Dunquerque, Ypres, Brujas, Aalst, Nieuwpoort,etc.) del capitán general Alejandro Farnesio sobre las tropas rebeldes.

La conquista por parte de los Tercios españoles de este enclave protegido por diez baluartes, un amplio foso inundado y el río Escalda, lo que le daba fama de inexpugnable, se consumó gracias a la construcción de un puente de 800 metros de largo y 4 de ancho sobre el río. Esta obra de ingeniería militar que unía las provincias de Brabante y Flandes es comparable al puente que Julio César levantó sobre el Rin, aunque éste tenía la mitad de longitud comparado con el construido por Alejandro Farnesio. La construcción del puente consistió en colocar unos postes de madera verticales sobre el lecho del río, unidos luego por vigas de madera transversales, sobre éste armazón se colocaron los tablones que daban forma al piso. En los dos extremos del puente se levantaron dos baluartes. Los últimos 600 metros del puente se tuvieron que hacer colocando, como cuando Jerjes entró en Grecia, una hilera de barcas sujetas con cuerdas y maderas, con las que luego se creó el piso. Para la defensa del puente, se colocaron 97 piezas de artillería y a los lados del puente, una línea de pequeñas barcazas unidas de tres en tres. La obra se terminó en tan solo siete meses.

El asedio fue duro, la conquista de baluartes, revellines y fortines costó muchas bajas en ambos bandos. Para conseguir la madera necesaria para construir el puente, hubo que asaltar la arboleda de Terramunda, en el transcurso de este asalto murió el maestre de campo Pedro de Paz a causa de un disparo en la frente. Se dice que dio tanta pena la muerte del maestre entre sus hombres (lo llamaban "Pedro de pan") que consiguieron trasladar en los hombros los cañones hasta las mismas murallas con el agua en el pecho, pues los holandeses, con el fin de frenar a los españoles, habían roto los diques de contención, anegando todo el campo.

Los españoles cada vez ganaban más terreno y los sitiados guardaban la esperanza de la ayuda de una flota, proveniente de Zelanda al mando de Justino de Nassau, un hijo bastardo de Guillermo de Orange, con la que se suponía que abastecería la ciudad de agua y víveres y además rompería el puente sobre el río Escalda. Para este plan, los holandeses contaron con el ingenio de un italiano, Federico Giambelli, que enfadado con España, se pasó al bando holandés, éste, creó unos barcos que tenían una torreta hecha de piedras y ladrillos en las que se introducía objetos, haciendo de metralla, y cómo no, pólvora. Estos barcos-mina, se untaban de pez, para ser totalmente impermeables al agua y no mojar la pólvora (pues si no, no ardía y no explotaba). Los barcos-mina, cumplieron muy bien su cometido, explotaron y segaron la vida a un centenar de hombres. El puente tuvo que ser reparado a duras penas.

Para que no volviera a ocurrir se le encomendó al coronel Mondragón, la construcción de un contradique con la que defenderse de estos buques. Mondragón, terminado el contradique, tuvo que rechazar un ataque de las fuerzas navales de Justino de Nassau y de barcos procedentes de Amberes y lo consiguió.

Pasó el tiempo y los holandeses consiguieron reunir una flota de 160 barcos de diferente calado con la que querían arrollar el contradique. Los holandeses arrollaron los puestos avanzados españoles, pero en el contradique, los españoles consiguieron frenar el empuje de la flota holandesa gracias a que se llevó al mismo un tercio de españoles e italianos que consiguieron resistir hasta que se llevaron más refuerzos al dique. Luego los españoles asaltaron los buques holandeses en un cuerpo a cuerpo que duró ocho horas y en la que los españoles consiguieron tomar 25 naves y 75 cañones. En esta jornada los muertos del bando rebelde se contabilizaron en unos 3000 y en el bando imperial unos 1000, de los cuales casi 500 eran españoles.

Al fin, la ciudad se rindió en agosto de 1585, entrando los tercios españoles por las puertas teniendo al frente a su jefe, Alejandro Farnesio.

La victoria fue celebrada por los soldados con un gigantesco banquete sobre el puente del Escalda, con mesas que se extendían de orilla a orilla del río. Se cree que la celebración duró tres días. Tras las celebraciones desmantelaron el puente sobre el río y se reconstruyó la ciudadela-fortaleza levantada por el duque de Alba que el de Orange había posteriormente derruido.

Al conocer Felipe II la victoria de Amberes, otorgó el Toisón de Oro a Alejandro Farnesio por su fidelidad y valor. La noche en la que le comunicaron la noticia de la rendición de Amberes, el monarca se levantó de la cama y fue a la habitación de su hija Isabel y, abriendo la puerta, dijo «Nuestra es Amberes», volviéndose después a dormir, ante la sorpresa de su hija.

En septiembre, las tropas obtuvieron sus pagas, tras casi tres años sin cobrar.

Este episodio constituye uno de los episodios más brillantes de los Tercios y supuso un alarde de ingeniería, y despliegue táctico, como refleja el cronista Faminiano Estrada: «Nunca con más pesadas moles fueron enfrenados los ríos, ni los ingenios se armaron con más osadas invenciones, ni se peleó con gente de guerra que en más repetidos asaltos hiciese más provisión de destreza y coraje. Aquí se echaron fortalezas sobre los arrebatados ríos, se abrieron minas entre las ondas, los ríos se llevaron sobre las trincheras, luego las trincheras se plantaron sobre los ríos, y como si no bastara sólo el trabajo de atacar Amberes, se extendieron los trabajos del general también a otras partes, y cinco fortísimas y potentísimas ciudades se cercaron a un mismo tiempo, y dentro del círculo de un año al mismo tiempo se tomaron».

Fuente: ws.org
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Biografía de Diego de Almagro
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(Almagro, España, 1475 - Cuzco, actual Perú, 1538) Conquistador español, descubridor de Chile. Los orígenes de Diego de Almagro son inciertos. Parece que fue hijo ilegítimo de Juan de Montenegro y Elvira Gutiérréz, razón por la que adoptó el nombre de su ciudad natal como apellido.

En 1514 se enroló en la expedición a Panamá de Pedro Arias Dávila. Posteriormente, al tener noticia de los rumores sobre las riquezas que albergaba el Imperio de los incas, unió sus fuerzas con Francisco Pizarro en dos expediciones de conquista que resultaron un fracaso.

Contando con una autorización real obtenida un año antes, en 1530 Francisco Pizarro emprendió en solitario una nueva expedición que le llevaría, tras aprovechar hábilmente las disensiones entre el soberano inca Atahualpa y su hermanastro Huáscar, a la conquista del Imperio Inca.

Los éxitos de Pizarro en Perú movieron a Diego de Almagro a solicitar el permiso real para emprender, por cuenta propia, la conquista de nuevos territorios, lo que le fue inicialmente denegado; no obstante, cuando llegó a Perú, en 1533, lo hizo con un título de igual importancia que el de Pizarro, lo cual causó fricciones entre ambos.

Tras repartirse el tesoro de Atahualpa y ejecutarlo, partieron hacia Cuzco y tomaron la ciudad. La intromisión de Pedro de Alvarado se resolvió con el pago de una indemnización a éste y su retirada, con lo que se evitó un conflicto.

Almagro se dedicó a partir de entonces a la exploración de los territorios del sur del Imperio Inca, en el actual Chile, hasta el valle de Aconcagua. En 1535, el emperador Carlos V lo recompensó con la gobernación de Nueva Toledo, al sur de Perú, y el título de adelantado en las tierras más allá del lago Titicaca.

A su regreso a Perú, en 1537, Almagro ocupó la ciudad de Cuzco, por considerar que pertenecía a su gobernación. Este hecho suscitó un sangriento enfrentamiento entre almagristas y pizarristas que concluyó con la victoria de los hermanos Pizarro en la batalla de las Salinas, en abril de 1538. Hecho prisionero, Almagro fue ejecutado el mes de julio de ese mismo año.

Fuente(s): biografiasyvidas.com
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Los Trece de la Fama
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Se denominan Trece de la Fama, o Trece caballeros de la isla del Gallo, a las trece personas que acompañaron a Francisco Pizarro en la conquista del Imperio inca, superando el momento más crítico de la expedición.

Francisco Pizarro inició la conquista del Perú en 1524 con ciento doce hombres y cuatro caballos en un solo navío. Sus socios Diego de Almagro y Hernando de Luque se quedaron en Panamá con la misión de contratar más gente y salir posteriormente con ayuda y víveres en pos de Pizarro. Durante esta época mantuvieron duros enfrentamientos con los indios de la costa sur de Panamá donde Pizarro recibió hasta siete lanzadas y Almagro perdió un ojo que le quebraron de un flechazo.

En mayo de 1527, cuando habían transcurrido dos años y medio de viajes hacia el sur afrontando toda clase de inclemencias y calamidades, llegaron a la isla del Gallo exhaustos. El descontento entre los soldados era muy grande, llevaban varios años pasando calamidades sin conseguir ningún resultado. Pizarro intenta convencer a sus hombres para que sigan adelante, sin embargo la mayoría de sus huestes quieren desertar y regresar.

Allí se produce la acción extrema de Pizarro, de trazar una raya en el suelo de la isla obligando a decidir a sus hombres entre seguir o no en la expedición descubridora. Tan solo cruzaron la línea trece hombres: los "Trece de la Fama", o los "Trece caballeros de la isla del Gallo".

Sobre la escena que se vivió en la Isla del Gallo, luego que Juan Tafur le trasmitiera la orden del gobernador Pedro de los Ríos, nos la relata el historiador José Antonio del Busto:1​

El trujillano no se dejó ganar por la pasión y, desenvainando su espada, avanzó con ella desnuda hasta sus hombres. Se detuvo frente a ellos, los miró a todos y evitándose una arenga larga se limitó a decir, al tiempo que, según posteriores testimonios, trazaba con el arma una raya sobre la arena:

— «Por este lado se va a Panamá, a ser pobres, por este otro al Perú, a ser ricos; escoja el que fuere buen castellano lo que más bien le estuviere».

Un silencio de muerte rubricó las palabras del héroe, pero pasados los primeros instantes de la duda, se sintió crujir la arena húmeda bajo los borceguíes y las alpargatas de los valientes, que en número de trece, pasaron la raya. Pizarro, cuando los vio cruzar la línea, «no poco se alegró, dando gracias a Dios por ello, pues había sido servido de ponelles en corazón la quedada». Sus nombres han quedado en la Historia.
José Antonio del Busto

Pizarro y los Trece de la Fama esperaron en la isla del Gallo cinco meses por los refuerzos, los cuales llegaron de Panamá enviados por Diego de Almagro y Hernando de Luque, al mando de Bartolomé Ruiz. El navío encontró a Pizarro y los suyos en la Isla de la Gorgona, hambrientos y acosados por los indios. Ese mismo día, Pizarro ordenó zarpar hacia el sur, dejando en la Gorgona a tres de los “Trece” que se hallaban enfermos, al cuidado de los indios naborías venidos en la nave de Ruiz. Serían recogidos posteriormente por el mismo Pizarro, a su regreso.

Fuente(s): ws.org
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Isabel la Católica
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(También llamada Isabel I de Castilla; Madrigal de las Altas Torres, España, 1451 - Medina del Campo, id., 1504) Reina de Castilla y León (1474-1504) y de la Corona de Aragón (1479-1504). Hija de Juan II de Castilla y de Isabel de Portugal, Isabel la Católica tenía sólo tres años cuando su hermano Enrique IV ciñó la corona castellana (1454).

En 1468 Enrique IV, hombre de carácter débil e indeciso, reconoció a la princesa Isabel como heredera al trono en el pacto de los Toros de Guisando, con lo cual privó de sus derechos sucesorios a su propia hija, la princesa Juana. La maledicencia suponía que la princesa Juana era en realidad hija de Enrique Beltrán de la Cueva, duque de Alburquerque; de ahí su sobrenombre de Juana la Beltraneja.

Con el objetivo de consolidar su posición política, los consejeros de Isabel la Católica acordaron su boda con el príncipe Fernando, primogénito de Juan II de Aragón, enlace que se celebró en secreto, en Valladolid, el 19 de octubre de 1469. Al año siguiente, molesto por este matrimonio, Enrique IV de Castilla decidió desheredar a Isabel y rehabilitar en su condición de heredera a Juana la Beltraneja, que fue desposada con Alfonso V de Portugal.

La consecuencia fue que, a la muerte del rey (1474), un sector de la nobleza proclamó a Isabel soberana de Castilla, mientras que otra facción nobiliaria reconocía a Juana (1475), lo cual significó el inicio de una sangrienta guerra civil. A pesar de la ayuda del monarca portugués a la Beltraneja, el conflicto sucesorio se decantó a favor de Isabel en 1476, a raíz de la grave derrota infligida a los partidarios de Juana por el príncipe Fernando de Aragón en la batalla de Toro.

Los combates, sin embargo, se sucedieron en la frontera castellanoportuguesa hasta 1479, en que el tratado de Alcaçobas supuso el definitivo reconocimiento de Isabel como reina de Castilla por parte de Portugal, además de delimitar el área de expansión castellana en la costa atlántica de África. Aquel mismo año, por otra parte, el óbito de Juan II posibilitó el acceso de Fernando II de Aragón al trono de la Confederación catalanoaragonesa, y la consiguiente unión dinástica de Castilla y la Corona de Aragón.

Las líneas maestras de la política conjunta que desarrollaron Isabel I de Castilla y Fernando II de Aragón (que pasarían a la historia como los Reyes Católicos, título concedido en 1494 por el papa Alejandro VI) fueron el afianzamiento y la expansión del poder real, el estímulo de la economía, la conclusión de la reconquista a los musulmanes de todo el territorio peninsular y el fortalecimiento de la fe católica.

Para consolidar y prestigiar la monarquía, la reina implantó la Santa Hermandad, institución encargada de garantizar la estabilidad del orden público y la administración de justicia (1476), abolió las prerrogativas otorgadas a la nobleza por Enrique IV (1480) y convirtió el Consejo Real en el principal órgano de gobierno del reino, en detrimento de las Cortes.

En el aspecto económico, Isabel la Católica saneó la hacienda pública merced a un estricto sistema fiscal e incentivó el desarrollo de la ganadería ovina y del comercio lanero. Además, supo canalizar la tradición militar y expansiva de Castilla hacia la conquista del reino nazarí de Granada, último bastión islámico en la Península (1492), y la guerra contra los musulmanes norteafricanos, a los que arrebató Melilla (1497). Con todo, el mayor logro de la política exterior isabelina fue, sin duda, el apoyo a la expedición que culminaría con el descubrimiento de América por Cristóbal Colón (1492).

En materia religiosa, por último, Isabel la Católica llevó a cabo una profunda reforma eclesiástica con la ayuda del cardenal Cisneros, creó el tribunal de la Inquisión para velar por la ortodoxia católica (1478) y culminó el proceso de unificación religiosa con la expulsión de los judíos (1492) y los mudéjares (1502). A su muerte, acaecida el 26 de noviembre de 1504, el trono castellano pasó a su hija Juana la Loca (Juana I de Castilla), madre del futuro rey y emperador Carlos.


Extraído de Biografias y Vidas
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Bernal Díaz Del Castillo
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(Medina del Campo, Valladolid, h. 1492 - Guatemala, h. 1585) Conquistador y cronista español. Desde joven se decidió por la carrera de las armas y debido a su afán de aventuras, hacia 1514 se embarcó a América viajando sucesivamente con las expediciones de Pedro Arias de Ávila (a Darién, o sea Centroamérica), Francisco Hernández de Córdoba (a Yucatán) y Juan de Grijalva (a Tabasco). Casado con Angelina Díaz, tuvo un hijo llamado Diego.

Por tres años estuvo al servicio de Diego Velázquez en Cuba hasta que se le incluyó en la expedición de Hernán Cortés. Desde el 18 de febrero de 1519 fue soldado de las huestes de Pedro de Alvarado, por lo que participó en la conquista del imperio mexica. Fue testigo presencial de la prisión y muerte de los tlahtoanis Moctezuma y Cuitláhuac, vivió la llamada «Noche Triste» y peleó por la toma de México-Tenochtitlán.

Al concluir ésta, se unió a la expedición de Gonzalo de Sandoval hacia Coatzacoalcos y llegó a ser regidor de la villa del Espíritu Santo. Después participó en la conquista de Chiapas y, en 1524, partió con Hernán Cortés a la conquista de las Hibueras (Honduras), que resultó un fracaso, por lo que regresó por tierra a la ciudad de México.

Tras una prolongada estancia en esa ciudad, viajó en 1539 a España para reclamar sus derechos por haber participado en la conquista de México, pero sólo obtuvo un corregimiento en el Soconusco. Inconforme, continuó buscando una recompensa por parte de la corona española, por lo que hizo varios viajes entre España y América, hasta que decidió establecerse con su familia definitivamente en la ciudad de Santiago de los Caballeros de Guatemala.

Ahí llegó a sus manos el libro Historia General de las Indias escrito por el capellán de Cortés, Francisco López de Gómara. Éste, sin haber estado en México, hizo una descripción de la Conquista en la que enaltecía la figura de don Hernán, a quien le atribuyó todo el mérito de la Conquista.

Molesto por esta interpretación, Díaz del Castillo escribió su propia versión en la crónica titulada Historia verdadera de la conquista de la Nueva España, en la que, con sencillez, hizo un extenso relato épico en el que resaltó el papel de los soldados españoles y reconoció con respeto la defensa heroica de los indígenas. Díaz del Castillo murió en Guatemala en 1585 y su obra no fue publicada hasta 1632.

Extraído de Biografias y Vidas
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El primer virrey del Perú
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Blasco Núñez Vela y Villalba
Blasco Núñez Vela y Villalba (Ávila, 1495-Iñaquito, 1546), fue un militar y político español, Capitán General de la Armada de las Indias. En 1537, fue el primero que capitaneó la Flota de Indias que cruzó el Océano Atlántico llevando los cargamentos de oro y plata al rey Carlos I de España evitando las amenazas de los corsarios.​ y en 1543 fue el primero que envió hacia España, por demanda de los comerciantes de Sevilla, la navegación de convoyes protegida por buques de guerra, sustituyendo por primera vez en Hispanoamérica los navíos sueltos.

Fue nombrado primer Virrey del Perú en 1543, con la tarea de hacer cumplir las Leyes Nuevas redactadas para poner fin a los abusos cometidos con los indios por parte de los encomenderos.

De buen parecer y gentil presencia, debido a su empeño en hacer cumplir la nueva legislación, entró rápidamente en conflicto con las élites locales, de manera tal que fue depuesto de su cargo por la Real Audiencia de Lima, en 1544, la cual entregó el poder a Gonzalo Pizarro.​ Enviado de vuelta a España, desembarcó en Tumbes y reunió un ejército con el que marchó contra los gonzalistas, con el ánimo tenaz de recuperar el poder. Pero hubo de retroceder y en la batalla de Iñaquito, cerca a la ciudad de Quito, fue derrotado y decapitado, el 18 de enero de 1546.

El deseo de mejorar el trato y calidad de vida de los indios sometidos en América, inspiró al emperador Carlos V a redactar las famosas ordenanzas o Leyes Nuevas que sancionó en Madrid, el 20 de noviembre de 1542. De acuerdo a ellas, se prohibía la esclavitud y el trabajo pesado de los indios, determinaba la supresión a corto plazo del régimen de las encomiendas, ordenaba despojar de sus repartimientos de indios a todos los oficiales públicos y a las congregaciones religiosas, y además mandaba quitar sus encomiendas a los que habían intervenido en el bando pizarrista durante la guerra civil entre los conquistadores del Perú.

Para poner en vigor tales leyes, y a la vez terminar con el espíritu de insubordinación que mostraban los conquistadores y extirpar el germen del feudalismo que pretendían trasplantar a América, el rey juzgó conveniente enviar al Perú a un funcionario altamente caracterizado que era la máxima autoridad: el virrey, desplegando un gran boato y provisto de extensas facultades y que fuera un verdadero representante de la Monarquía Hispánica, de su poder real y de la persona misma del soberano. El virrey fue acompañado de una Real Audiencia compuesta de cuatro Oidores con alta jurisdicción así en lo civil como en lo criminal.

No fue fácil hallar quien quisiera aceptar un cargo de tanta responsabilidad como el de Virrey del Perú, habida cuenta que debía promulgar y hacer cumplir unas leyes que tanta impopularidad tenía entre los arrogantes conquistadores del Perú, convertidos en encomenderos. El emperador se fijó en Blasco Núñez Vela, quien al principio quiso rechazar el honor, para finalmente aceptar la voluntad real.

Era ya para entonces un hombre maduro, aunque todavía gallardo y robusto, honrado, valiente, enérgico, leal y devotísimo al emperador de España, quien mucho le estimaba y favorecía. Era terco, arrebatado, de cortos alcances, y, por tanto, muy desconfiado, duro como el clima y áspero como la tierra en que había nacido. En abril de 1543 se le otorgó el título de Virrey, Gobernador y Capitán General de los reinos del Perú, Tierra Firme y Chile y presidente de la Real Audiencia, que con las atribuciones y preeminencias de la de Valladolid, debía establecerse en la Ciudad de los Reyes o Lima. Su salario anual quedó fijado en 18,000 ducados de oro.

Fuente(s): ws.org
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El oro de Cajamarca
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El oro de Cajamarca
Esta novela corta narra uno de los episodios más oscuros de la conquista de América: las matanzas de incas perpetradas por Francisco Pizarro, que sometió un enorme imperio con solo 200 hombres, junto a la historia y condena de su emperador Atahualpa, que fué ajusticiado después de pagar el rescate más alto que se conoce. En realidad, el verdadero tema es cómo la fiebre del oro degrada al ser humano. El relato parece que está bien fundamentado y basado en «The conquest of Peru» (1843) de William H. Prescott, y se ajusta a lo que se cree que sucedió en realidad.

Acostumbrados a escuchar un discurso almibarado y heroico del descubrimiento y conquista del continente, no está mal conocer algunas de las barbaridades que los españoles cometieron en América, sobre todo cuando alguien nos las narra en un relato tan bien escrito, que cuenta unos sucesos tan extraordinarios que parecen increíbles. Este es uno de esos casos en los que los hechos superan a la imaginación humana con mucho y se hace evidente la frase de Mark Twain: «La realidad se diferencia de la ficción en que la ficción tiene que tener sentido».

El escritor judío Jakob Wassermann (1873-1934) nació en Fürth (Baviera); hijo de un pequeño comerciante, se quedó huérfano a los nueve años y tuvo una dura infancia marcada por un padre severo y una madrastra malvada, de la que se escapaba inventando historias. Con 23 años entró como redactor en la revista satírica Simplicissimus y pudo dedicarse a la literatura. Pronto alcanzó tanto éxito que fué el novelista más leido en Alemania y eclipsó a su amigo Thomas Mann. Escribió unas quince novelas, relatos, teatro, ensayos y una biografía de Cristóbal Colón. Uno de sus temas favoritos era la justicia universal, a la que todo ser humano tiene derecho. Curiosamente, tiene varios relatos históricos ambientados en España. Con notable anticipación, escribió sobre el dilema que le podía presentar a un judío aleman y patriota el triunfo del nacismo en su país. Afortunadamente, murió poco antes de que sucediera todo.


Título: El oro de Cajamarca
Autor: Jakob Wassermann
Páginas: 109
Editorial: Navona

Fuente(s): laantiguabiblos.blogspot.com
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Los Borja en España, Italia y el mundo
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A los que nos gusta la historia, hay días y sitios, que daríamos lo que fuera por haber estado allí, haber visto, oido, “vivido”, alguna de esas situaciones que tanto nos han maravillado cuando, siglos después, leemos la historia.
Yo tengo en mi mente muchas situaciones históricas a las que me hubiera encantado asistir, hoy os voy a contar una que me apasiona y que muchas veces he pensado en ella.

Elijo éste pasaje histórico como homenaje, por la fecha de hoy 1 de Octubre, a una familia valenciana: Los Borja en España, Los Borgia en Italia y resto del mundo.

El uno de Octubre de 1572 falleció, en Roma, San Francisco de Boja, Tercer General de la Compañía de Jesús y 4º Duque de Gandía, había nacido en 1510 y éstos días se conmemora, sobretodo en Gandía, su 500 aniversario, y aunque la vida de éste santo sea muy interesante y apasionante, otro día escribiré de él, hoy voy a contar un pasaje de la vida de su tío-abuelo: César Borgia (1475-1507) Arzobispo de Valencia, Cardenal que, por primera y única vez en la historia de la Iglesia, renuncia al cardenalato en 1498 para dedicarse a las armas, pasando a ser Capitán General del ejército Pontificio, luego Duque de Valentinoise concedido por Luis XII de Francia, traicionado por Gonzalo Fernández de Córdoba (El Gran Capitán) que lo apresa en Nápoles, después de una cena con él, faltando a su palabra de caballero, traición ordenada por su Señora natural: la Reina Isabel, la llamada Católica, se le trajo a España, preso en la Torre del Castillo de la Mota (Medina del Campo), donde convivió con Juana (la loca) que allí se encontraba apresada por su madre (La Católica de antes) una noche logró escapar ayudado desde fuera por varios señores castellanos, escapó de España en barco hasta Francia. Acabó su vida en el sitio de Viana (Navarra) siendo Capitán General del ejército del Rey de Navarra, su cuñado.

No queda muy claro, si fue traición o no, pero la tropa que lo acompañaba aquella madrugada de Marzo de 1507, ante las puertas de Viana, en un momento determinado lo dejaron sólo, acorralado por más de treinta enemigos a caballo, no huyó, les hizo frente, mató a seis o siete de ellos antes de que le pudieran clavar una lanza en su axila derecha (único sitio donde no cubre la armadura), derribándolo del caballo, en el suelo fue muerto, su cuerpo tenía 21 heridas de lanza y espada, Tenía 32 años. A pesar de tener una vida tan corta en años, fue muy intensa en hechos,

La historia de su vida (hay historia para hacer 10 películas), al igual que la de su padre (el cardenal Rodrigo de Borja, luego Papa Alejandro VIº) la escribieron, en un principio, sus enemigos, con lo cual se escribieron auténticas barbaridades, calumnias increíbles, que, como dice el dicho popular : “Calumnia que algo queda”, a ellos les quedaron todas las calumnias durante siglos. Durante los últimos cien años algunos historiadores serios, a base de estudios de documentación y comparando muchas fuentes diferentes, ya nos cuentan la historia de los Borgia mucho mas real, demostrando que las calumnias eran eso mismo: calumnias.
Vamos con la historia:

“César Borgia, con un ejército de entre 15 y 18.000 soldados, ya ha sometido a casi todos los señores y príncipes de la Romaña (todo el centro-norte de Italia), estamos en Octubre de 1502, una de las que queda por someter es la República de Florencia, los florentinos están muy preocupados, conocen los métodos de César Borgia para con aquellos que no se avienen a buenas con él, sobretodo el Secretario de la República Florentina: Nicolás Maquiavelo que ya conoció a César cuatro meses antes, en Urbino, por lo tanto la República manda a su Secretario a negociar con César Borgia, que en esas fechas estaba en Imola. Se presenta la embajada de Florencia ante César y Maquiavelo le expone muchas razones por las que no le interesaba a César entrar en Florencia, rogándole que no lo hiciera.

Al parecer a César le gustó la forma en que le expuso sus peticiones Maquiavelo, lo vió inteligente, sagaz e imaginativo, al tiempo que educado, le gustó, y su respuesta fue:”No se preocupe Su Señoría (Florencia), que mientras vos esté conmigo no entraré en Florencia”. Maquiavelo no sabía que el Rey de Francia, Luis XII, señor natural de César, le había comunicado a César que no entrara en Florencia si él no se lo ordenaba. Maquiavelo, convencido de que su presencia ante César liberaba a Florencia de la guerra, se quedó en Imola, en el mismo palacio que ocupaba César Borgia, comiendo o cenando con él muchos dias, ¡¡estuvo cuatro meses!!, hasta final de Enero de 1503.

Desde hacía un año, el Ingeniero militar de César Borgia, era Leonardo da Vinci, el gran Leonardo, y a muchas de esas comidas y reuniones asistía también Leonardo, quedaban horas charlando los tres juntos, César Borgia, Nicolás Maquiavelo y Leonardo da Vinci. ¿De qué hablaban? ¿Cómo opinaba cada uno de ellos? ¿Cómo eran? ¡¡ojalá hubiera podido estar allí, escuchándolos!! ¿Tu no?”.

El señor todopoderoso, el Príncipe, en esas fechas, era César Borgia. Meses después, el veneno puesto en una cena a César Borgia y a su padre Alejandro VIº, invitados ambos, en casa de un cardenal, lo cambió todo.

El ejército de César Borgia no entró en Florencia, porque Luis XII no se lo ordenó. Años después Maquiavelo escribió El Príncipe, enumerando las virtudes (virtudes del siglo XV, no de ahora) que debía de poseer un gobernante para ser Príncipe: temido por sus enemigos, querido por sus súbditos y respetado por todos, inspirado, todo el libro, por aquél César Borgia, admirado por Maquiavelo.

Actualmente, el descendiente legítimo directo de César Borgia, a través de su hija Luisa, habida de su matrimonio con Carlota de Aubret, hermana del Rey de Navarra y sobrina de Luis XII, es Carlos Hugo de Borbón, el jefe de los Carlistas. Por cierto, César no conoció nunca a su hija Luisa, la vida no le dio tiempo. Su tumba se encuentra a las puertas de la Basílica de Sta. María, Viana (Navarra)Los Borja en España, Los Borgia en Italia y resto del mundo.

Fuente(s): lahistoriajamascontadamrviciano.blogspot.com
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Biografía de Juan Rodríguez Cabrillo
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Su nacionalidad fue tratada por primera vez por el cronista español contemporáneo Antonio de Herrera y Tordesillas, que, en su Historia General de los hechos de los Castellanos en las Islas y tierra firme del Mar Oceano, se refiere a Cabrillo como Juan Rodríguez Cabrillo Português.

Por esta razón, la mayoría de las biografías lo describen como portugués. Sin embargo, después de un estudio realizado por el historiador Harry Kelsey en 1986, éste concluyó que era posible que Cabrillo hubiera nacido en España «probablemente en Sevilla; sin embargo, se pensaba que había nacido en Cuéllar» En 2015, Mas la doctora Wendy Kramer, la susodicha historiadora ha encontrado documentos que prueban que no es así. Según estos documentos, donde se recogen declaraciones del propio Rodríguez Cabrillo, relativas al robo del oro perteneciente a la corona española que transportaba un navío, el origen del descubridor de parte de la costa oeste de Estados Unidos era español... y concretamente de Palma de Micer Gilio, es decir de Palma del Río (Córdoba).

La fecha de nacimiento y familia son desconocidos, pero algunos sucesos en la vida de Cabrillo hacen pensar a Kelsey que Cabrillo nació en una familia humilde «alrededor de 1498 o 1500», y que sus padres trabajaban en la casa de un importante comerciante sevillano. El misterio sobre Cabrillo ronda también sobre el lugar donde fue sepultado. Murió el 3 de enero de 1543, frente a la costa del sur de California. Sin embargo, se desconoce el sitio exacto de su tumba.

Se sabe poco acerca de los primeros años de Cabrillo; apenas que formó parte de la expedición de Pánfilo de Narváez, la cual fue enviada a México por Diego de Velázquez, gobernador de Cuba, con el fin de someter a Cortés. En 1519 aparece el nombre de "Cabrillo" como soldado del ejército de Hernán Cortés con el grado de oficial de ballestas. Acompañó a Cortés en la conquista de la gran Tenochtitlan y posteriormente en la del suroeste de México, así como en la conquista de Guatemala, El Salvador y Honduras, en Centroamérica.

En 1530, después de la conquista de Centroamérica, Cabrillo se estableció en la población de Santiago de Guatemala, y en 1532 viajó a España para contraer matrimonio con Beatriz Sánchez de Ortega. Después de las nupcias, Cabrillo regresó con su esposa a Santiago de Guatemala, en donde tomó residencia y se dedicó al comercio, en tanto su esposa le dio dos hijos.

En la madrugada del 11 de septiembre de 1541, un alud de piedras y lodo bajó del Volcán de Agua (que no un terremoto) y destruyó la ciudad. Se dice que Cabrillo notificó el incidente a la Corona española y esa información se considera el primer reportaje que se haya enviado de un acontecimiento ocurrido en el Nuevo Mundo a Europa.

Desde un puerto guatemalteco de la costa del océano Pacífico, Cabrillo se dedicó durante un tiempo a importar y exportar mercaderías entre España, Guatemala y otras partes del Imperio español.

Fuente: wikipedia.org
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El descubrimiento de California
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En 1541, Pedro de Alvarado había organizado una expedición con doce embarcaciones para explorar el litoral norte del océano Pacífico, pero en su trayectoria se detuvo en las costas de Nueva Galicia para tratar de contener la rebelión encabezada por Francisco Tenamaztle que desencadenó la Guerra del Mixtón. Inesperadamente, Alvarado murió en julio de 1541 al ser aplastado por un caballo. Al año siguiente, el virrey Antonio de Mendoza y Pacheco comisionó a Rodríguez Cabrillo para que continuara los planes de la expedición frustrada, pero solamente fue posible utilizar dos de las embarcaciones que había reunido Alvarado.1

La península de Baja California y el golfo de California o mar de Cortés habían sido recientemente descubiertos por los exploradores Francisco de Ulloa, Fernando de Alarcón y el piloto Domingo del Castillo. Con esos viajes se había demostrado que la península de Baja California no era una isla, sino que estaba unida a tierra firme y rodeada de agua por un golfo (golfo de California) y la mar del Sur (océano Pacífico).

Cabrillo esperaba encontrar la mítica y rica ciudad de Cíbola que se creía existía en algún lugar al norte de la costa del Pacífico, además de buscar el inexistente paso o estrecho de Anián que se decía unía al norte los océanos Pacífico y Atlántico.

El 24 de junio de 1542 partió en tres buques la expedición del puerto de Barra de Navidad (Jalisco). Acompañaban a Cabrillo marineros, soldados, indios, esclavos africanos, un sacerdote, alimentos para dos años, animales en pie y mercancías. Cabrillo comandaba la pequeña flota a bordo del navío San Salvador, buque insignia que él mismo había construido.

Después de zarpar recorrió la costa de Colima y enfiló hacia la península de Baja California, la cual tuvo a la vista el 3 de julio. Arribó a San José del Cabo y allí se proveyó de agua. El 13 del mismo mes descubre la bahía de Magdalena a la que nombra como tal.1 El 5 de agosto arriban a la isla de Cedros, (último sitio en el cual se vio con vida al navegante Francisco de Ulloa en abril de 1540) y permanecen en ella hasta el día 10 del mismo mes. Prosiguen su viaje costeando la península de Baja California y levantando mapas. El 17 de septiembre llegan al actual puerto de Ensenada, al que nombran San Mateo.

El 28 de septiembre de 1542, Cabrillo encuentra un "puerto muy bueno y seguro": acaba de descubrir la Bahía de San Diego, a la que nombra San Miguel en honor al santo del día. Seis días después continúa su viaje de exploración en aguas desconocidas para los europeos. El 6 de octubre está en San Pedro (Puerto de Los Ángeles) y el 9 en Santa Mónica; ambas poblaciones forman hoy día parte de la Ciudad metropolitana de Los Ángeles.

El 7 de octubre de 1542 descubre el archipiélago del Norte, hoy conocido como islas Santa Bárbara.

El 10 de octubre llega la expedición a San Buenaventura, el día 13 arriban a Santa Bárbara y alcanzan punta Concepción el día 17. A causa de los fuertes vientos contrarios, las naves regresan y se resguardan en la isla de San Miguel frente a San Buenaventura. No pueden avanzar al norte durante varios días, el 11 de noviembre llega a Santa María y el mismo día alcanzan el cabo de San Martín que se localiza en el condado de Monterey.

Las naves se separan debido a los fuertes vientos y tormentas y después de varios días de búsqueda se reúnen el 15 de noviembre y navegan sin rumbo, descubriendo la bahía de los Pinos, conocida actualmente como Monterey Bay.

El 18 de noviembre navegan hacia el sur, buscando el resguardo de la bahía de la isla de San Miguel, adonde arriban el día 23. Los siguientes tres meses los pasan ahí en espera de que terminen las tormentas de invierno.

Juan Rodríguez Cabrillo muere el 3 de enero de 1543 en la Isla de San Miguel como consecuencia de un brazo que se quebró al caer en una escaramuza con los nativos. Se cree que sus restos fueron sepultados en la isla Santa Catalina, frente a la ciudad de Los Ángeles.

El 18 de febrero de 1543, la flota enfila nuevamente hacia el norte bajo el mando de Bartolomé Ferrelo. Con vientos favorables alcanzan el 1 de marzo el cabo Mendocino, llamado así en honor del primer virrey de la Nueva España, Antonio de Mendoza y Pacheco, patrocinador de la expedición. El cabo Mendocino se encuentra cerca del límite norte del actual estado California, así que es probable que la expedición haya traspasado los límites y llegado hasta el vecino estado de Oregón.
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